Cascaras en la madrugada

por Ciudad Límite

El banquete

En una fiesta animal
al límite de una puerta
una chica respira profundo
y me dice:
-No hay mejor droga
que el ascetismo-

La imaginé
desnuda
entre animales frenéticos
y sexo
acostada en el suelo
mientras su cabeza
gozaba la muerte
en un desierto.

Reincidencia carnal

Te detesto,
pero igual
cada vez
que pasa
“esto”, esto
digo: si

La última cena

La ciudad me ofrece
a sus hijos
únicos -(miles)-

(me entrega sus vicios
y los comparto)

Miro su vientre
buscando una vida

la mía son calles angostas
de adoquines

una casa de tránsito
para hermanos.

El nuevo manifiesto criminal

Vivo para los hombres
que mueren sin querer
pero sin pena.

Vivo para las mujeres
que se entregan plenas
a la sombra
de mi entrada.

Vivo para el que no busca misterios
en el deceso diario
y no camina las avenidas
bucólico, encogido y cansado.

Vivo para el violento,
sin llave,
el vividor canalla
y cazador
de la ratas gordas
(que en sus agujeros de lujo
se creen impunes).

Suicidio vintage

En la ciudad
los melancólicos
mueren siempre
cada día
comidos por
otra bestia
que ya no existe.

Mueren como amando
a Rita Hayworth.

Baby, Baby-doll

Compartiste mi cama
sin nombre.

Cuando tus piernas me rodean el cuello
recuerdo el error de nombrar las cosas

La boca que no muerde,
sabe que el sabor no se pronuncia

Cada vez, el gusto es mío
como sumergir la mano
en una bolsa
de caramelos.

Los ladrillos también son libres

Cuando las calles se pronuncian largas
y los cruces resultan fatales a la vista
con sus esquinas
esperando
el descanso
de la suela
mientras el pié se acopla al ritmo
como visitándola una vez más
con el presente a cuestas,
y la mirada de un extraño
que siempre busca amor
de “primera vez”
en la mujer de siempre
se vive sin la ilusión animal
del susto y la fuga.
Orillas de perfil

Éste terreno es el límite
de
la violencia.

Nuestro hormiguero
de acústicas duras
nació para el grito
los golpes
y el sexo.

Los refugios oscuros y secos
son fríos.

La sangre arterial que mancha
a borbotones mi almohada
es mi sábana mi colchón.

Explotando, desesperados,
violentos,
sangramos calor
unos segundos.

Le damos a esta bestia
la inercia
para otro día.

Chatroulette

La pantalla se llena de nombres
y mi habitación se transforma
en una sala de espera vacía
donde nunca cabría el mundo
que tengo entre manos.

Música filantrópica

Algunas noches busco ritmos
que me hacen amar a las bestias
Aunque ya tenga
varios dientes encima,
y me esperan después
a la luz
para desayunarse mi carne blanda
mi placer.

Fotograma:

La luz negra
ametralladora de balas justas
foguea la oscuridad
mostrando los primeros fantasmas
de la noche

Y todos buscan esa imagen
-justa-
que muere en segundos
dejando en la memoria
una mirada frenética
un cuerpo suspendido
y la sensación
de que
seguramente
alguien
fue algo
de lo que vimos.

París:

Desde la ventana de mi balcón se ven
las ratas en los cables,
los vecinos barriendo
terrazas sucias
y los árboles
que esconden
a las miserias cotidianas
de la vista de Diós
dejándome a mí
un espectáculo de pánico
mudo
Movimientos
torpes
y
desconfianza.

Y en la ceguera de Dios
en su temor
mi ojo los juzga
sin saber Qué
es peor

Caramelo mental

Cinco chicos
con ideas ácidas
colmadas de estímulo
y realidad
Caminan por la
costanera
esperando que ese río
signifique
aunque sea una vez
algo que no diga
ningún poema cursi.

Identidad:

La mierda rebalsa de cada década.
En cada puerta se ha cagado
honrando a la ciudad,
arrastrando los desechos
lejos de nuestra vista.

Yo no voy a reflotar
la mierda de otros.
Yo no soy la muerte
para dar a lo podrido
otra oportunidad.

No soy el padre
que juega en el
cementerio

Anuncios